Portada del No. 2 de la Revista Inchátiro
martes, 19 de junio de 2012
ESTABA
FRENTE A MÍ
La
siguiente narración ocurrió en la calle Aldama, Alias “El Canelillo”. En la
casa de Don Margarito Alonso, a un lado vivía doña Luisa Contreras, señorita mayor
que luego casaría con don José Jiménez, doña Luisa vivía con otra señorita de
nombre Lina quien padecía de una de sus caderas y claudicaba al caminar.
Enfrente vivía don Melquiades Arreola, esposo de doña Victoriana. Doña Luisa y
Lina “enseñaron” a mi madre de 17 años quien apenas había dejado las muñecas como
alimentar a un recién nacido, (por
lo que recibí caldo de frijoles “de la olla” varios meses en vez de leche
materna, misma que se había
“secado”, ella desconocía cómo alimentar a su primer vástago).
Cuando
ya tenía 5 años de edad, en la cocina sentado en la pequeña silla cenaba leche
con un pan semita, a mi derecha la minúscula estufa de petróleo con dos
quemadores, a la izquierda, la vieja mesa redonda de madera con tres sillas,
pasaban las diez de la noche, mis padres atendían a mi hermano, fui el
primogénito, ellos se encontraban en la recámara que estaba a la entrada de la
angosta casa, había sólo una cama desvencijada, una cuna color azul y el
ropero, el dormitorio se comunicaba con la cocina por un estrecho pasillo de
tierra de metro y medio de anchura, a la derecha (entrando por la calle) existía un cuarto (más bien parecía covacha) de dos por dos, su altura era
considerable, ahí almacenaban trebejos, en su parte superior, había un tablado
de cinco maderas a modo de tapanco, donde guardaban unas cajas, también se
alcanzaba a ver la esquina de un vetusto pero fino baúl negro, preguntaba a mi
madre sobre su contenido pero decía que era de los dueños y que no deberíamos
de hurgar cosas ajenas. Después de la cocina había una huerta donde estaba una
pileta con su lavadero, también el sanitario, una tabla de madera con varios
agujeros redondos de diferentes tamaños, era el WC, la fosa séptica, no había
drenaje, este cuarto de madera, estaba rodeado de guayabos, nísperos y
colorines, era una casa vieja de adobe, antes de rentarla mi padre, había
permanecido sola mucho tiempo, las vecinas hablaban de aparecidos, pero a mis progenitores
les apremiaba la necesidad y no les importó si había espectros o no por lo
accesible de la renta, pero durante el tiempo que permanecimos ahí, ocurrieron
cosas extrañas, el dormitorio y el pasillo estaban separados por una puerta de
madera que invariablemente cada noche se cerraba con llave para evitar la
“entrada” de los fantasmas, todos los sucesos extraños, ruidos y otras
manifestaciones sobrenaturales, ocurrían en la cocina, no había quien saliera
por la noche al baño y se utilizaba una despostillada bacinica blanca que
siempre se vaciaba hacia la calle =Fíjate que no venga nadie”= decía mi
madre esparciendo los pajizos líquidos, nunca comprendí porqué a la calle y no
a la huerta. Esa noche sería muy marcada en mi existencia, en cuestión
alimentaria y en un drástico despertar sensorial, “sopeaba” escandalosamente mi
semita en la suculenta leche aún de vaca de establo, ya ingería mi segundo pan
y no me importaba escuchar las risas de
mis padres desde el dormitorio, que habían dado inicio a su encuentro amoroso
de la noche, cuando a lo lejos percibí el fuerte ladrido de los perros, no les
presté mucha atención, luego fueron aullidos, fue cuando noté que se me
erizaban los cabellos al transformarse los ladridos en llanto lastimero, sentí
un hilo de agua helada por la nuca, la piel se me puso chinita, los cabellos de
la cabeza estaban tiesos hacia arriba, el foco del 50 daba un matiz siniestro
al ambiente, más cuando los perros callaron, el aire se volvió muy pesado, dejé
de comer, mis padres no notaron nada, tal vez por el embeleso del momento,
quise ir hacia ellos, mis manos estaban crispadas, las piernas no me
respondieron, quería gritar tampoco pude, percibí un malsano presentimiento, algo
terrible iba a pasar, todo quedó en silencio, me cobijó un sutil pero
heladísimo viento, únicamente a lo lejos percibía el respiro agitado de mis
progenitores, un siseo casi imperceptible me hizo voltear hacia la puerta que
daba al huerto, fue cuando la vi entrar… de manera pausada, marcando
sigilosamente su tiempo, hizo su espectral aparición, suspendida en el aire a
casi un metro de altura, iba vestida de negro, con un elegantísimo vestido de
licra, el velo doblado hacia arriba que descansaba en un gran peinado tipo
chongo, las manos las cubría con guantes blancos, la cara no era espectral, más
bien hermosa pero el color, ese blanquísimo color que nunca voy a olvidar, como
si a la blanca harina le hubieran agregado mas blanqueador, de un blanco
inexplicable (lo
que me hizo aborrecer la leche para siempre, hasta la fecha después de
cincuenta años no la ingiero) su mirada, era una mirada profunda, nunca
dejó de ver directo a mis ojos, no me permitió pestañear ni ella lo hizo, sus
parpados bien delineados de negro, no tenía pestañas, supe que estaba muerta,
porque no respiraba y sus globos oculares opacos carecían de brillo, eran
verdes con un orificio profundo e interminable en cada pupila, silenciosa, lentamente
se fue acercando, suspendida siempre en el aire, parecía estar hincada, el
lúgubre silencio me asfixiaba, no abría la boca y sus ojos dominaban los míos,
así fue hasta que estuvo a menos de veinte centímetros de mi cara, lo que me
hizo percibir un penetrante olor característico, era leche tipo jocoque… muy
fétido, lo que me provocó náuseas, no vomité, seguía mirándome y yo a ella, fue
un instante perpetuo, creo que así es la eternidad, el tiempo se detuvo, dejé
de sentir mi cuerpo, perdí sustento, entonces entreabrió sus helados labios
pegándolos a los míos, no emitió sonido alguno, sentí que succionaba “algo” de
mi boca, para ese instante ya no tenía miedo, cerré los ojos cayendo en un
profundo sueño, fui trasportado a un lugar extraño, a un diáfano y florido
jardín de colores insólitos e inimaginables, que a pesar de recordarlos
perfectamente aún hoy son desconocidos para mí, no tengo palabras para definir
aquel edén, al momento tomé vida en ese lugar, no tocaba el piso, viajaba suspendido
en el aire, viendo la inmensidad del paradisiaco valle, volaba libre de un lado
a otro… quise responder porque alguien habló, a lo lejos escuché mi nombre,
giré la cabeza para ubicar su procedencia, uno, dos, tres fueron los gritos de
mi papá, intentaba no hacerle caso, quería permanecer y quedarme ahí, pero regresé
de nuevo, de aquel maravilloso éxtasis en el Paraíso, retorné a la macabra
realidad, aún estaba frente mí la mujer de fuliginoso color, noté que en su faz
portaba un nombre con letras desconocidas en latín creo, del que solo recuerdo
una ye y una e, entonces solté el llanto
desaforadamente, lo que provocó que la extraña aparición se diera vuelta
parsimoniosamente, no desapareció, así pude ver la descarnada planta de sus
pies, sí estaba hincada en el aire y salió por donde había entrado, llegó
primero mi padre sujetándose el cinturón, después mi madre, no pude emitir
palabras, únicamente les señalé con el dedo hacia la puerta por donde había
salido aquel insólito ser, dirigiéndose ambos hasta la huerta lanzando
exasperaciones y maldiciones para alejar al siniestro fantasma. Tiempo después nos
mudamos de vivienda, llegaron otros inquilinos a la tenebrosa casa donde había
vivido aquella terrible vivencia, las apariciones continuaron con ellos, luego
se supo que los nuevos arrendatarios si habían removido las cosas del misterioso tapanco que estaba
en la covacha, encontrando el baúl negro lleno de monedas de oro.
“Los Fantasmas de Malpaso”. Páginas: 143
a la 146.
José Antonio Humberto Vargas Alonso. Año 2012.
Prorrumpí en esta vida un 22 de diciembre en la 1ª de Ocampo # 46 (Hoy Melchor Ocampo # 266) a
las 15:30 horas, el primero de quince gestaciones, los garabatos básicos los
realicé con la maestra particular Paulita una señorita mayor que vivía casi
enfrente del colegio Morelos, de la Primaria Constitución de 1917, ingresé a la
Secundaria Nicolás de Régules, donde realicé mis primeros manuscritos públicos
en el Periódico Mural que dirigía el Profesor José Antonio Gutiérrez Aguilar,
posteriormente en el “Pionero” periódico que dirigía el Ingeniero Javier Ortega
Trejo. En el estado de Zacatecas se redactaron:”Malpaso, mi pueblo cuenta su
Historia, la Hacienda de Santa Rosa”, “El Charro Juárez”, “Don Fermín Apezechea
(el Pichichea) compra la Hacienda en 1805”, “Malpaso. Una Hacienda de Real
Abolengo” y recientemente “Los Fantasmas de Malpaso”. El 04 de febrero de 2012
fui nombrado Cronista.
Artículo publicado en el número 2 de la revista de junio
lunes, 18 de junio de 2012
Tacámbaro, Michoacán
Te
queremos…
PORQUE TU MAGIA ES DOMINANTE
Y EL ENCANTO
HA
SIDO SIEMPRE TU DISTINCIÓN…
Tacámbaro, Michoacán, entre lo desconocido y mágico
de México
Tacámbaro,
Michoacán, entre lo desconocido y encantador de México, nos invita a sentir la
historia de los siglos entre calles empedradas o de adoquín tradicional, mientras
se avanza bajo el cobijo de amplios aleros de maderas y tejas del barro
regional; las fachadas de sus casonas conmueven con sus rasgos humildes. El
adobe invencible de la arquitectura continúa como centinela de miles de
leyendas del tiempo, de amor y heroísmo; los pórticos de madera y herrerías
artísticas de balcones se unen a aromas gastronómicos y de naturaleza viva que
han cimentado la historia memorable como pueblo mágico, de abundante belleza,
sucesos históricos nacionales y de oportunidades precisas para que los sentidos
humanos sean conquistados.
Tacámbaro
es conocido como el Balcón de Tierra Caliente, porque desde caprichosas
montañas boscosas se aprecia el relieve multicolor y plácido de la que hace más
de cinco siglos fuera la región inhóspita, la Tierra Caliente de Michoacán y
Guerrero.
Tacámbaro
es el espacio donde se expresan las canteras, las maderas y los hierros
forjados. Saltan las notas de los violines, la poesía de José Rubén Romero, la
nostalgia guerrera del Rey Tacámba y el folklore de la Tierra Caliente. Se
escuchan las risas de la inocencia, el canto de las aves y el llanto del
tiempo. Viven la historia, las leyendas, tradiciones y costumbres. Huele a
piloncillo y azúcar quemada que viene de los ingenios azucareros, a aguacates
maduros y flores de café, de naranjos, de manzanos, duraznos y a centenas de
crisantemos en las laderas. Se exhiben la creatividad, el color y los oficios,
mientras en las capillas y templos se sienten la oración, la entrega y las meditaciones
sobre lo divino.
Tacámbaro
es paisaje infinito, verde intenso de los bosques y verde suave de los
cañaverales. Es millones de flores sobre los fieles árboles de aguacate. Es aguas
frescas y termales, cascadas y ríos. Es el mejor clima del mundo donde la vida
se da con placer, es sol, días y noches de lluvia con relámpagos que en las
noches muestran las siluetas de los cerros, es noches estrelladas con las fases
de la luna que han inmortalizado los poetas. Tacámbaro es crepúsculos
maravillosos, sabor culinario, deleite, la buena salud, la paz, la sanación. El
pueblo es un concierto de campañas agustinas, fiestas y recuerdos, bailes
tradicionales. El pueblo es orgullo nacional, cuna de hombres y mujeres
ilustres, ternura entre la modestia de sus calles uniformes, encanto, es magia.
Tacámbaro es Pueblo Mágico.
El
majestuoso territorio natural asombró a
los antiguos purépechas cuando estaba próximo el año 1,300 desde
entonces sus lagos se convirtieron en espacios de veraneo para los monarcas de
la legendaria cultura. La fundación se atribuye al año1538 por los agustinos
Fray Juan de San Román y Fray Diego de Chávez. Siglos después Tacámbaro muestra
la espléndida arquitectura típica heredada por las expediciones de Tata Vasco
de Quiroga en Michoacán, entre la cuales destacan más de 200 monumentos y
casonas catalogados como históricos.
Magia entre los templos,
atractivos únicos
La
bella población esparce su magia de múltiples formas, el recorrido cultural se
combina con lo natural al salir del caserío para internarse entre huertas de
aguacates del oriente. A diez minutos del centro histórico se encuentra la
singular Capilla de Santa María Magdalena en lo que fuese la hacienda del
conquistador Cristóbal de Oñate. Parte del encanto del monumento es el que
evoca su antigüedad, data de 1538 y fue el primer templo de la Orden de San
Agustín dedicado a la evangelización de las tierras calientes de Michoacán y
Guerrero.
El
recinto invita a vivir la historia mientras se percibe la frescura de brisas procedentes
de la cercana Laguna de la Magdalena. Los muros de adobe, maderas y canteras, son
elementos generadores de la imaginación que permite revivir los años de la
conquista espiritual. El sencillo plateresco en su portada, el atrio y el
campanario son cautivadores, sin restar importancia al cielo historiado del
techo con pasajes de los apóstoles y María Magdalena. En la vieja sacristía la pila bautismal de
cantera blanca emerge desde uno de los muros. Cuenta la leyenda que en ella fue
bautizado el rey purépecha Tacámba, quien tuviera en Tacámbaro su comarca y
centro de operaciones prehispánicas.
La
Capilla de la Magdalena fue el escenario donde por primera vez se realizaron
bautizos masivos y se conocieron los instrumentos musicales importados por los
europeos, ya que la música fue una herramienta de los agustinos para lograr la
introducción de la fe cristiana. El templo mantiene el empedrado en sus exteriores
y el excelente clima en su interior, así como los pisos de antigua terracota.
Los visitantes y habitantes definen al templo como mágico, un refugio de
ensueño, el mejor lugar para las nupcias inolvidables y por demás acogedor.
El
siglo XVI es también el origen de la Catedral Diocesana, que en sus inicios
fuera el templo del conjunto conventual de los agustinos. El monumento conserva
detalles del plateresco propio de aquella orden religiosa y del barroco. Sus
muros nos motivan a imaginar la misión
de los frailes, además de recordar que Alonso de la Veracruz fundó en el
recinto la Segunda Escuela de Estudios Mayores más importante de América y se
estableció ahí también la biblioteca más grande en acervo literario.
En
la catedral dedicada a San Jerónimo destacan dos capillas que parten de la nave
central, una dedicada a la Virgen de Guadalupe y la otra es conocida como El
Sagrario, donde destaca la singular escultura llamada El Trono de Dios, la cual
hace referencia a diversos episodios bíblicos. El 11 de abril de 1865 el
edificio fue víctima de un incendio voraz al ser el fortín del ejército belga
que finalmente perdió la Batalla de Tacámbaro al enfrentarse a los lugareños
comandados por el general Nicolás de Régules. Desde entonces en la ciudad de
Oudenaarde, Bélgica se yergue una plaza monumental con el nombre de Tacámbaro,
homenaje a los belgas muertos en nuestro pueblo.
El
Santuario de Fátima con su apariencia modernista de bellos vitrales guarda
tesoros y atractivos que son únicos en el continente. Uno de ellos es la
réplica idéntica del Santo Sepulcro de Jerusalén, construido al obedecer la
métrica exacta centímetro tras centímetro. El templo es también el hogar de las
vírgenes refugiadas de Polonia, Lituania, Cuba y Hungría. La primera es
conocida como la Virgen Negra de Chestokova, cuya pintura original se atribuye
a San Lucas, misma que en Europa recibe más de cinco millones de peregrinos al
año. Su imagen al igual que las otras llegó a Tacámbaro por ser el refugio
ideal durante movimientos mundiales en contra del catolicismo o conflictos
bélicos diversos. En octubre a la fiesta de las vírgenes acuden visitantes de estas
naciones, quienes ofrecen al pueblo muestras de su cultura y agradecimiento
eterno por el servicio prestado a la protección de la fe.
El
Templo del Hospitalito se mantiene como ejemplo de los hospitales de indios
fundados por Don Vasco de Quiroga en Michoacán. Como parte de su arquitectura conserva
en la fachada la torre y el arco moldurado de medio punto con fábrica en el
siglo XVI. En el interior se aprecian detalles de maderas y rasgos de diseño
propios de los templos y capillas de pueblos indígenas que conforman la Ruta
Don Vasco. Anexo a la pequeña iglesia permanece el edificio que en sus orígenes
fuera el refugio de los enfermos; funge como el seminario menor de la
arquidiócesis y escuela preparatoria.
La naturaleza impone su magia
Hablar
de Tacámbaro significa abrir los sentidos para que reinen los encantos de la
naturaleza. En el último kilómetro de la zona boscosa un rincón milenario muestra
su espectáculo, se trata de La Alberca, mágico lago oculto entre los pinos y
encinos de un cráter de volcán apagado, donde el verde intenso y abundante de
la vegetación nos invita a internarnos en ella para practicar el senderismo,
acampar o simplemente leer un buen libro cobijados por la sombra de los enormes
árboles que la rodean y guiados en la lectura por el interminable canto de las
aves.
La
Alberca es el destino romántico por excelencia. El poeta y novelista José Rubén
Romero nos describe al espacio como un espejo infinito donde los siglos peinan
sus cabelleras grises, nos recuerda en su obra que el Rey Tacámba lo adoptó
como escondite de amores y refugio para los buenos momentos de su vida, donde
dejó las huellas del amor junto con la princesa Inchátiro. Cuenta la leyenda
que en las profundidades se encuentra un enorme cristo traído de Europa, imagen
que fue arrojada por los evangelizadores con el objetivo de calmar las furiosas
aguas que por 1540 poseía, como si se negasen a la conquista espiritual y
suplicaran para siempre ser defendidas por su Rey Tacámba.
La
Alberca ofrece su magia a todas horas, durante
el día suceden los turnos para producir distintas tonalidades de azules y
verdes en el agua, siempre en coordinación con los rayos solares y las siluetas
del bosque. Por la noche reina el misterio y las energías del lugar parecen
iniciar su momento de gloria, los sentidos se hipnotizan cuando se percibe el
sonido de los ríos subterráneos que alimentan el manto, y soplan los ligeros
vientos de la flora. Un sobresalto nocturno es común cuando los peces saltan a
la superficie en medio de la oscuridad. El lago del Rey Tacámba conjuga
diversidad de atracciones, desde la espléndida vista desde uno de sus cenadores
al Valle de Tierra Caliente, hasta la oportunidad de reflexionar y pensar en la
magia que brinda la vida.
La
naturaleza ofrece también las peculiaridades del Parque Ecológico Cerro Hueco
con las mejores vistas a la Tierra Caliente y sus caprichosos relieves. El
parque cuanta con comodidades para paseos ecológicos, ya que sus cenadores
están adaptados con parrilla para los banquetes campiranos, se pueden practicar
diversos deportes o simplemente sentir el clima, el cobijo de los pinos y vivir
la oportunidad de aprovechar el momento.
Tacámbaro
es zona de cascadas, se cuentan más de diez, entre las que destaca Santa Rosa
con más de 120 metros de altura, Arroyo Frio, Santa Paula y El Capiri. La
situación virgen es común en toda la región ideal para deportes de aventura. El
Etucuarillo atrae a los viajeros con las aguas termales y sus propiedades
curativas. Abundan los balnearios modernos y perfectamente equipados dentro del
pueblo y entre huertas de aguacates circundantes. La Laguna de la Magdalena es
otro escenario para importantes eventos sociales y deportes acuáticos.
El Centro Histórico, arquitectura mágica y sutil
Portales
centenarios, casonas majestuosas de adobe y tejas, calles empedradas o con
adoquín y las fuentes en esquinas componen el rostro típico de Tacámbaro. La
Plaza de Armas Benito Juárez es la más grande, sus bancas de cantera son
perfectas para saborear las tradicionales aguas frescas elaboradas con frutas
de la región mientras se convive también
con las palomas. Una bella postal se logra en la fuente ovalada del centro
y con el hemiciclo a Juárez, todo bajo la protección de gigantescos laureles de
la India y jacarandas floridas.
La
Plaza Nicolás de Régules se extiende frente a la Catedral, es un homenaje al
patriota que en 1865 encabezó la Batalla de Tacámbaro, en la cual las fuerzas
belgas del emperador Maximiliano de Habsburgo fueron derrotadas como parte de
la Ocupación Francesa en México. La explanada es recinto para eventos
culturales como la extensión del Festival Internacional Cervantino, el
encuentro de las embajadas de Polonia, Lituania, Cuba y Hungría en octubre con
motivo de las fiestas de Fátima y diversos festivales de cultura y deportes que
suceden durante todo el año.
Rincones de arquitectura y
gastronomía
En el Portal
Codallos se localiza la mansión de la señora Amalia Solórzano Bravo, esposa del
general y presidente de la república Lázaro Cárdenas del Río. En el inmueble
destaca el Centro Cultural Amalia Solórzano, que muestra exposiciones de arte y
actividades culturales durante el año. A unos pasos hacia el norte se encuentra
la Plazuela del Santo Niño tan bellamente descrita por el escritor José Rubén
Romero en sus novelas más importantes, aquí se encuentran establecimientos de
alimentos que cuentan con prestigio gastronómico en carnes con chiles, moles,
la olla podrida y especialidades con aguacate. Las mesas del portal ofrecen la
opción de disfrutar de la calidad de la cocina a la par con el clima fresco y
privilegiado del Centro Histórico de Tacámbaro.
El
restaurante del Hotel Mansión del Molino cuenta 40 años deleitando a sus
comensales con los chiles rellenos de la casa, las codornices y los molcajetes,
la vista al pueblo desde el lugar es simplemente única, mientras se permanece
entre antigüedades, arte y la maquinaria del viejo molino de trigo. En la Calle
Artículo 123 se comen las mejores carnitas del mundo con la Familia González,
además de las tortillas artesanales. En Burguer Lunch se ha dado un giro de la
pizzería haciéndola local con ingredientes principales como carnitas, mole y
carne de pastor. La Cocina de Don Vidal en el Mercado Morelos es otro refugio
culinario si se busca sabor y tradición para recordar. El Mirador de don Lalo
en lo alto del Cerro de la Mesa con la mejor vista al pueblo y las montañas que
lo rodean, ofrece un amplio menú de cocina nacional e internacional. En el
Mercado de Antojitos Marcos A. Jiménez las opciones de gastronomía tradicional
michoacana son diversas y variadas.
La
magia de Tacámbaro se encuentra también en los detalles de la historia y de la
vida cotidiana que han trascendido a la literatura y al cine nacional. Fue la
capital de Michoacán y morada de la musa Mariquita a quien el tacambarence Marcos
Augusto Jiménez le compusiera y cantara Adiós Mariquita Linda, pieza esencial
de la música mexicana traducida a más de diez idiomas e interpretada por las
mejores voces y en destacados foros del mundo. En Tacámbaro se planeó la
fundación de los pueblos terracalenteños y entonces ocurrieron sus nacimientos.
El poeta y novelista José Rubén Romero vivió en Tacámbaro su mejor época y nos
heredó la obra Poemas a Tacámbaro, aquí dio vida a La Vida Inútil de Pito
Pérez, a Rosenda y a Desbandada, las dos primeras son también clásicos del cine
nacional, la última narra sucesos trágicos y de la vida cotidiana del pueblo.
Tacámbaro
es tradición mexicana y sabor de provincia en la Ruta de Don Vasco, es historia
de siglos prehispánicos y del tiempo después de la conquista espiritual, es la
naturaleza abrazando millones de instantes donde su gente y cada panorámica lo
hacen un destino con encanto, lo convierten en un pueblo mágico inolvidable.
Portada del Número 1 de la Revista Inchátiro
Artículo del Prof. Porfirio López Escalante
que se quedó en el tintero de la primera revista sin publicar.
Hola don Chema, le saludé al sucio ranchero que me encontré en el camino. Hola, me contestó amablemente, ¿cómo está profesor?, agregó. Fue el inicio de una plática que se prolongó por casi una hora. Lo había conocido hace algunos años en la comunidad de Pueblo Viejo de Aramútaro, municipio de Tacámbaro, Mich., nos hicimos amigos y en cada encuentro era seguro que teníamos un agradable intercambio de puntos de vista. Ese día no sería la excepción.
Dije sucio ranchero porque lejos de que esa expresión denote de mi parte algún desprecio, quiero utilizar más adelante ese hecho para exaltar las costumbres rurales y las necesidades que se tienen por causa del trabajo y por las restricciones de los servicios en las comunidades.
¿Qué le parece la composición del nuevo Ayuntamiento? Le pregunté, sabiendo que para preguntas ociosas tendría yo una respuesta similar. Es la misma cosa, me contestó con cierto tono de desaliento. Mire profesor, continuó, el desempeño de los funcionarios es el mismo independientemente del partido que los haya llevado al poder. Como ejemplo me recordó las obras de mala calidad hechas por el priísta Sánchez, las compras sólo a proveedores panistas del panista Koni, la corrupción del tesorero perredista Luis. No importa el color, abundó, llegan para servirse a ellos mismos, eso lo sabe todo mundo, afirmó con algunos asomos de tristeza.
“Bajan” al pueblo a surtir despensa o a realizar algún trámite después de atender sus parcelas, por eso los vemos con tierra en su vestimenta y en su calzado, esa tierra bendita que satisface sus necesidades y las nuestras en materia de alimentación, lo sucio lo toman de las calles contaminadas de la ciudad.
Traté de convencerlo de que había la necesidad de la existencia de los partidos políticos porque así, cada diferente postura ante la sociedad y ante la vida, era tomada por los políticos para ofrecer respuestas de solución a los problemas que tienen los pueblos. No, me atajó, desgraciadamente no es así, llegan para fortalecer sus bolsillos, para afianzar sus grupos. No sea ingenuo profesor, díjome en tono de burla, o ¿por cuál partido vota usted?, me inquirió.
Mire, le comenté, queriendo ofrecerle una cátedra de conocimientos ciudadanos, de esos con los que Ikram Antaki, en obra “Manual del ciudadano contemporáneo”, trata de iniciarnos en los principios que deben regir en una sociedad respetuosa de las personas y de su entorno. La participación de la gente en las cosas de gobierno, le afirmé, debe ser a través de los partidos, debe pues de haber una cultura política, mediante la cual avancemos mejorando cada día, las condiciones en las que se desenvuelve la comunidad. Creo que fue mi error hablarle de cultura, porque inmediatamente al escuchar esa palabra, al igual que aquel postulante a veterinario al reaccionar: … y la lombriz…, me peguntó: maestro, ¿usted sabe qué es cultura?, claro, le contesté de inmediato, La cultura es la esencia de los pueblos, parafraseando el lema de la Casa de la Cultura “Marcos A. Jiménez” de Tacámbaro, Mich. Al oírme, don Chema se convirtió en el mejor locutor y haciendo gala de sus mejores palabras me dijo: “La Cultura es el Conjunto de manifestaciones caracterizadas por expresiones humanas referentes a la interpretación perceptual subjetiva que diversos sectores y grupos tienen sobre su entorno real en general que les rodea y les sensibiliza incitándoles el talento de participar de manera alguna a la transformación y reproducción de cierta actividad u proyecto en virtud de la expresión artística o solo interpretativa simbolizando significados individuales, colectivos, sectoriales o sociales moralmente aceptados o no”, me dejó sorprendido. Bueno, agregué, queriendo defender mi amor propio: “El término cultura, que proviene del latín cultus, hace referencia al cultivo del espíritu humano y de las facultades intelectuales del hombre. Su definición ha ido mutando a lo largo de la historia: desde la época del Iluminismo, la cultura ha sido asociada a la civilización y al progreso”.
Me dijo que definir no implica conocer y para abundar soltó otra arenga: “Cultura es el conjunto de maneras de vivir y de pensar de determinado grupo humano en particular. Engloba múltiples aspectos como los valores, creencias, costumbres, intereses, lenguaje, formas de organización familiar, laboral, económica entre otras, que condicionan el modo de vivir de un grupo social en una época”
Creo que nos salimos del tema, le dije. No, aseguró. Usted me habló de cultura y para tratar un tema es indispensable saber su significado.
Después de hacer algunos otros comentarios acerca de la composición partidista de la presente administración municipal, … que era panista, pero con presidente priísta, que en realidad era empanizada, que si el partido azul, ante la incapacidad de tener candidato propio, había capturado un golondrino, que… nos despedimos con el deseo de volvernos a encontrar próximamente.
Al llegar a casa motivado por el encuentro, me dediqué un rato a investigar más sobre el tema y encontré que en general, la cultura es una especie de tejido social que abarca las distintas formas y expresiones de una sociedad determinada. Por lo tanto, las costumbres, las prácticas, las maneras de ser, los rituales, los tipos de vestimenta y las normas de comportamiento son aspectos incluidos en la cultura.
Otra definición establece que la cultura es el conjunto de informaciones y habilidades que posee un individuo. Para la UNESCO, la cultura permite al ser humano la capacidad de reflexión sobre sí mismo: a través de ella, el hombre discierne valores y busca nuevas significaciones.
Cada vez que platico con este sucio ranchero aprendo algo, se eleva mi conciencia y me vuelvo más culto. No sé qué quiere decir esto pero les aseguro que soy un Eterno Aprendiz.
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