lunes, 18 de junio de 2012




Tacámbaro, Michoacán
Te queremos…




 










PORQUE TU MAGIA ES DOMINANTE Y EL ENCANTO
HA SIDO SIEMPRE TU DISTINCIÓN…

Tacámbaro, Michoacán, entre lo desconocido y mágico de México

Por: Francisco Mora Alcaraz

Tacámbaro, Michoacán, entre lo desconocido y encantador de México, nos invita a sentir la historia de los siglos entre calles empedradas o de adoquín tradicional, mientras se avanza bajo el cobijo de amplios aleros de maderas y tejas del barro regional; las fachadas de sus casonas conmueven con sus rasgos humildes. El adobe invencible de la arquitectura continúa como centinela de miles de leyendas del tiempo, de amor y heroísmo; los pórticos de madera y herrerías artísticas de balcones se unen a aromas gastronómicos y de naturaleza viva que han cimentado la historia memorable como pueblo mágico, de abundante belleza, sucesos históricos nacionales y de oportunidades precisas para que los sentidos humanos sean conquistados.

Tacámbaro es conocido como el Balcón de Tierra Caliente, porque desde caprichosas montañas boscosas se aprecia el relieve multicolor y plácido de la que hace más de cinco siglos fuera la región inhóspita, la Tierra Caliente de Michoacán y Guerrero.

Tacámbaro es el espacio donde se expresan las canteras, las maderas y los hierros forjados. Saltan las notas de los violines, la poesía de José Rubén Romero, la nostalgia guerrera del Rey Tacámba y el folklore de la Tierra Caliente. Se escuchan las risas de la inocencia, el canto de las aves y el llanto del tiempo. Viven la historia, las leyendas, tradiciones y costumbres. Huele a piloncillo y azúcar quemada que viene de los ingenios azucareros, a aguacates maduros y flores de café, de naranjos, de manzanos, duraznos y a centenas de crisantemos en las laderas. Se exhiben la creatividad, el color y los oficios, mientras en las capillas y templos se sienten la oración, la entrega y las meditaciones sobre lo divino.

Tacámbaro es paisaje infinito, verde intenso de los bosques y verde suave de los cañaverales. Es millones de flores sobre los fieles árboles de aguacate. Es aguas frescas y termales, cascadas y ríos. Es el mejor clima del mundo donde la vida se da con placer, es sol, días y noches de lluvia con relámpagos que en las noches muestran las siluetas de los cerros, es noches estrelladas con las fases de la luna que han inmortalizado los poetas. Tacámbaro es crepúsculos maravillosos, sabor culinario, deleite, la buena salud, la paz, la sanación. El pueblo es un concierto de campañas agustinas, fiestas y recuerdos, bailes tradicionales. El pueblo es orgullo nacional, cuna de hombres y mujeres ilustres, ternura entre la modestia de sus calles uniformes, encanto, es magia. Tacámbaro es Pueblo Mágico. 

El majestuoso territorio natural asombró a  los antiguos purépechas cuando estaba próximo el año 1,300 desde entonces sus lagos se convirtieron en espacios de veraneo para los monarcas de la legendaria cultura. La fundación se atribuye al año1538 por los agustinos Fray Juan de San Román y Fray Diego de Chávez. Siglos después Tacámbaro muestra la espléndida arquitectura típica heredada por las expediciones de Tata Vasco de Quiroga en Michoacán, entre la cuales destacan más de 200 monumentos y casonas catalogados como históricos.

Magia entre los templos, atractivos únicos

La bella población esparce su magia de múltiples formas, el recorrido cultural se combina con lo natural al salir del caserío para internarse entre huertas de aguacates del oriente. A diez minutos del centro histórico se encuentra la singular Capilla de Santa María Magdalena en lo que fuese la hacienda del conquistador Cristóbal de Oñate. Parte del encanto del monumento es el que evoca su antigüedad, data de 1538 y fue el primer templo de la Orden de San Agustín dedicado a la evangelización de las tierras calientes de Michoacán y Guerrero.

El recinto invita a vivir la historia mientras se percibe la frescura de brisas procedentes de la cercana Laguna de la Magdalena. Los muros de adobe, maderas y canteras, son elementos generadores de la imaginación que permite revivir los años de la conquista espiritual. El sencillo plateresco en su portada, el atrio y el campanario son cautivadores, sin restar importancia al cielo historiado del techo con pasajes de los apóstoles y María Magdalena.  En la vieja sacristía la pila bautismal de cantera blanca emerge desde uno de los muros. Cuenta la leyenda que en ella fue bautizado el rey purépecha Tacámba, quien tuviera en Tacámbaro su comarca y centro de operaciones prehispánicas.   

La Capilla de la Magdalena fue el escenario donde por primera vez se realizaron bautizos masivos y se conocieron los instrumentos musicales importados por los europeos, ya que la música fue una herramienta de los agustinos para lograr la introducción de la fe cristiana. El templo mantiene el empedrado en sus exteriores y el excelente clima en su interior, así como los pisos de antigua terracota. Los visitantes y habitantes definen al templo como mágico, un refugio de ensueño, el mejor lugar para las nupcias inolvidables y por demás acogedor.

El siglo XVI es también el origen de la Catedral Diocesana, que en sus inicios fuera el templo del conjunto conventual de los agustinos. El monumento conserva detalles del plateresco propio de aquella orden religiosa y del barroco. Sus muros nos motivan  a imaginar la misión de los frailes, además de recordar que Alonso de la Veracruz fundó en el recinto la Segunda Escuela de Estudios Mayores más importante de América y se estableció ahí también la biblioteca más grande en acervo literario.

En la catedral dedicada a San Jerónimo destacan dos capillas que parten de la nave central, una dedicada a la Virgen de Guadalupe y la otra es conocida como El Sagrario, donde destaca la singular escultura llamada El Trono de Dios, la cual hace referencia a diversos episodios bíblicos. El 11 de abril de 1865 el edificio fue víctima de un incendio voraz al ser el fortín del ejército belga que finalmente perdió la Batalla de Tacámbaro al enfrentarse a los lugareños comandados por el general Nicolás de Régules. Desde entonces en la ciudad de Oudenaarde, Bélgica se yergue una plaza monumental con el nombre de Tacámbaro, homenaje a los belgas muertos en nuestro pueblo.

El Santuario de Fátima con su apariencia modernista de bellos vitrales guarda tesoros y atractivos que son únicos en el continente. Uno de ellos es la réplica idéntica del Santo Sepulcro de Jerusalén, construido al obedecer la métrica exacta centímetro tras centímetro. El templo es también el hogar de las vírgenes refugiadas de Polonia, Lituania, Cuba y Hungría. La primera es conocida como la Virgen Negra de Chestokova, cuya pintura original se atribuye a San Lucas, misma que en Europa recibe más de cinco millones de peregrinos al año. Su imagen al igual que las otras llegó a Tacámbaro por ser el refugio ideal durante movimientos mundiales en contra del catolicismo o conflictos bélicos diversos. En octubre a la fiesta de las vírgenes acuden visitantes de estas naciones, quienes ofrecen al pueblo muestras de su cultura y agradecimiento eterno por el servicio prestado a la protección de la fe.

El Templo del Hospitalito se mantiene como ejemplo de los hospitales de indios fundados por Don Vasco de Quiroga en Michoacán. Como parte de su arquitectura conserva en la fachada la torre y el arco moldurado de medio punto con fábrica en el siglo XVI. En el interior se aprecian detalles de maderas y rasgos de diseño propios de los templos y capillas de pueblos indígenas que conforman la Ruta Don Vasco. Anexo a la pequeña iglesia permanece el edificio que en sus orígenes fuera el refugio de los enfermos; funge como el seminario menor de la arquidiócesis y escuela preparatoria.    

La naturaleza impone su magia

Hablar de Tacámbaro significa abrir los sentidos para que reinen los encantos de la naturaleza. En el último kilómetro de la zona boscosa un rincón milenario muestra su espectáculo, se trata de La Alberca, mágico lago oculto entre los pinos y encinos de un cráter de volcán apagado, donde el verde intenso y abundante de la vegetación nos invita a internarnos en ella para practicar el senderismo, acampar o simplemente leer un buen libro cobijados por la sombra de los enormes árboles que la rodean y guiados en la lectura por el interminable canto de las aves.  

La Alberca es el destino romántico por excelencia. El poeta y novelista José Rubén Romero nos describe al espacio como un espejo infinito donde los siglos peinan sus cabelleras grises, nos recuerda en su obra que el Rey Tacámba lo adoptó como escondite de amores y refugio para los buenos momentos de su vida, donde dejó las huellas del amor junto con la princesa Inchátiro. Cuenta la leyenda que en las profundidades se encuentra un enorme cristo traído de Europa, imagen que fue arrojada por los evangelizadores con el objetivo de calmar las furiosas aguas que por 1540 poseía, como si se negasen a la conquista espiritual y suplicaran para siempre ser defendidas por su Rey Tacámba.

La Alberca ofrece su magia  a todas horas, durante el día suceden los turnos para producir distintas tonalidades de azules y verdes en el agua, siempre en coordinación con los rayos solares y las siluetas del bosque. Por la noche reina el misterio y las energías del lugar parecen iniciar su momento de gloria, los sentidos se hipnotizan cuando se percibe el sonido de los ríos subterráneos que alimentan el manto, y soplan los ligeros vientos de la flora. Un sobresalto nocturno es común cuando los peces saltan a la superficie en medio de la oscuridad. El lago del Rey Tacámba conjuga diversidad de atracciones, desde la espléndida vista desde uno de sus cenadores al Valle de Tierra Caliente, hasta la oportunidad de reflexionar y pensar en la magia que brinda la vida.

La naturaleza ofrece también las peculiaridades del Parque Ecológico Cerro Hueco con las mejores vistas a la Tierra Caliente y sus caprichosos relieves. El parque cuanta con comodidades para paseos ecológicos, ya que sus cenadores están adaptados con parrilla para los banquetes campiranos, se pueden practicar diversos deportes o simplemente sentir el clima, el cobijo de los pinos y vivir la oportunidad de aprovechar el momento.
Tacámbaro es zona de cascadas, se cuentan más de diez, entre las que destaca Santa Rosa con más de 120 metros de altura, Arroyo Frio, Santa Paula y El Capiri. La situación virgen es común en toda la región ideal para deportes de aventura. El Etucuarillo atrae a los viajeros con las aguas termales y sus propiedades curativas. Abundan los balnearios modernos y perfectamente equipados dentro del pueblo y entre huertas de aguacates circundantes. La Laguna de la Magdalena es otro escenario para importantes eventos sociales y deportes acuáticos.

El  Centro Histórico, arquitectura mágica y sutil

Portales centenarios, casonas majestuosas de adobe y tejas, calles empedradas o con adoquín y las fuentes en esquinas componen el rostro típico de Tacámbaro. La Plaza de Armas Benito Juárez es la más grande, sus bancas de cantera son perfectas para saborear las tradicionales aguas frescas elaboradas con frutas de la región mientras se convive también  con las palomas. Una bella postal se logra en la fuente ovalada del centro y con el hemiciclo a Juárez, todo bajo la protección de gigantescos laureles de la India y jacarandas floridas.

La Plaza Nicolás de Régules se extiende frente a la Catedral, es un homenaje al patriota que en 1865 encabezó la Batalla de Tacámbaro, en la cual las fuerzas belgas del emperador Maximiliano de Habsburgo fueron derrotadas como parte de la Ocupación Francesa en México. La explanada es recinto para eventos culturales como la extensión del Festival Internacional Cervantino, el encuentro de las embajadas de Polonia, Lituania, Cuba y Hungría en octubre con motivo de las fiestas de Fátima y diversos festivales de cultura y deportes que suceden durante todo el año.  

Rincones de arquitectura y gastronomía

En el Portal Codallos se localiza la mansión de la señora Amalia Solórzano Bravo, esposa del general y presidente de la república Lázaro Cárdenas del Río. En el inmueble destaca el Centro Cultural Amalia Solórzano, que muestra exposiciones de arte y actividades culturales durante el año. A unos pasos hacia el norte se encuentra la Plazuela del Santo Niño tan bellamente descrita por el escritor José Rubén Romero en sus novelas más importantes, aquí se encuentran establecimientos de alimentos que cuentan con prestigio gastronómico en carnes con chiles, moles, la olla podrida y especialidades con aguacate. Las mesas del portal ofrecen la opción de disfrutar de la calidad de la cocina a la par con el clima fresco y privilegiado del Centro Histórico de Tacámbaro.

El restaurante del Hotel Mansión del Molino cuenta 40 años deleitando a sus comensales con los chiles rellenos de la casa, las codornices y los molcajetes, la vista al pueblo desde el lugar es simplemente única, mientras se permanece entre antigüedades, arte y la maquinaria del viejo molino de trigo. En la Calle Artículo 123 se comen las mejores carnitas del mundo con la Familia González, además de las tortillas artesanales. En Burguer Lunch se ha dado un giro de la pizzería haciéndola local con ingredientes principales como carnitas, mole y carne de pastor. La Cocina de Don Vidal en el Mercado Morelos es otro refugio culinario si se busca sabor y tradición para recordar. El Mirador de don Lalo en lo alto del Cerro de la Mesa con la mejor vista al pueblo y las montañas que lo rodean, ofrece un amplio menú de cocina nacional e internacional. En el Mercado de Antojitos Marcos A. Jiménez las opciones de gastronomía tradicional michoacana son diversas y variadas.

La magia de Tacámbaro se encuentra también en los detalles de la historia y de la vida cotidiana que han trascendido a la literatura y al cine nacional. Fue la capital de Michoacán y morada de la musa Mariquita a quien el tacambarence Marcos Augusto Jiménez le compusiera y cantara Adiós Mariquita Linda, pieza esencial de la música mexicana traducida a más de diez idiomas e interpretada por las mejores voces y en destacados foros del mundo. En Tacámbaro se planeó la fundación de los pueblos terracalenteños y entonces ocurrieron sus nacimientos. El poeta y novelista José Rubén Romero vivió en Tacámbaro su mejor época y nos heredó la obra Poemas a Tacámbaro, aquí dio vida a La Vida Inútil de Pito Pérez, a Rosenda y a Desbandada, las dos primeras son también clásicos del cine nacional, la última narra sucesos trágicos y de la vida cotidiana del pueblo.  

Tacámbaro es tradición mexicana y sabor de provincia en la Ruta de Don Vasco, es historia de siglos prehispánicos y del tiempo después de la conquista espiritual, es la naturaleza abrazando millones de instantes donde su gente y cada panorámica lo hacen un destino con encanto, lo convierten en un pueblo mágico inolvidable.

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