Portada del Número 1 de la Revista Inchátiro
Artículo del Prof. Porfirio López Escalante
que se quedó en el tintero de la primera revista sin publicar.
Hola don Chema, le saludé al sucio ranchero que me encontré en el camino. Hola, me contestó amablemente, ¿cómo está profesor?, agregó. Fue el inicio de una plática que se prolongó por casi una hora. Lo había conocido hace algunos años en la comunidad de Pueblo Viejo de Aramútaro, municipio de Tacámbaro, Mich., nos hicimos amigos y en cada encuentro era seguro que teníamos un agradable intercambio de puntos de vista. Ese día no sería la excepción.
Dije sucio ranchero porque lejos de que esa expresión denote de mi parte algún desprecio, quiero utilizar más adelante ese hecho para exaltar las costumbres rurales y las necesidades que se tienen por causa del trabajo y por las restricciones de los servicios en las comunidades.
¿Qué le parece la composición del nuevo Ayuntamiento? Le pregunté, sabiendo que para preguntas ociosas tendría yo una respuesta similar. Es la misma cosa, me contestó con cierto tono de desaliento. Mire profesor, continuó, el desempeño de los funcionarios es el mismo independientemente del partido que los haya llevado al poder. Como ejemplo me recordó las obras de mala calidad hechas por el priísta Sánchez, las compras sólo a proveedores panistas del panista Koni, la corrupción del tesorero perredista Luis. No importa el color, abundó, llegan para servirse a ellos mismos, eso lo sabe todo mundo, afirmó con algunos asomos de tristeza.
“Bajan” al pueblo a surtir despensa o a realizar algún trámite después de atender sus parcelas, por eso los vemos con tierra en su vestimenta y en su calzado, esa tierra bendita que satisface sus necesidades y las nuestras en materia de alimentación, lo sucio lo toman de las calles contaminadas de la ciudad.
Traté de convencerlo de que había la necesidad de la existencia de los partidos políticos porque así, cada diferente postura ante la sociedad y ante la vida, era tomada por los políticos para ofrecer respuestas de solución a los problemas que tienen los pueblos. No, me atajó, desgraciadamente no es así, llegan para fortalecer sus bolsillos, para afianzar sus grupos. No sea ingenuo profesor, díjome en tono de burla, o ¿por cuál partido vota usted?, me inquirió.
Mire, le comenté, queriendo ofrecerle una cátedra de conocimientos ciudadanos, de esos con los que Ikram Antaki, en obra “Manual del ciudadano contemporáneo”, trata de iniciarnos en los principios que deben regir en una sociedad respetuosa de las personas y de su entorno. La participación de la gente en las cosas de gobierno, le afirmé, debe ser a través de los partidos, debe pues de haber una cultura política, mediante la cual avancemos mejorando cada día, las condiciones en las que se desenvuelve la comunidad. Creo que fue mi error hablarle de cultura, porque inmediatamente al escuchar esa palabra, al igual que aquel postulante a veterinario al reaccionar: … y la lombriz…, me peguntó: maestro, ¿usted sabe qué es cultura?, claro, le contesté de inmediato, La cultura es la esencia de los pueblos, parafraseando el lema de la Casa de la Cultura “Marcos A. Jiménez” de Tacámbaro, Mich. Al oírme, don Chema se convirtió en el mejor locutor y haciendo gala de sus mejores palabras me dijo: “La Cultura es el Conjunto de manifestaciones caracterizadas por expresiones humanas referentes a la interpretación perceptual subjetiva que diversos sectores y grupos tienen sobre su entorno real en general que les rodea y les sensibiliza incitándoles el talento de participar de manera alguna a la transformación y reproducción de cierta actividad u proyecto en virtud de la expresión artística o solo interpretativa simbolizando significados individuales, colectivos, sectoriales o sociales moralmente aceptados o no”, me dejó sorprendido. Bueno, agregué, queriendo defender mi amor propio: “El término cultura, que proviene del latín cultus, hace referencia al cultivo del espíritu humano y de las facultades intelectuales del hombre. Su definición ha ido mutando a lo largo de la historia: desde la época del Iluminismo, la cultura ha sido asociada a la civilización y al progreso”.
Me dijo que definir no implica conocer y para abundar soltó otra arenga: “Cultura es el conjunto de maneras de vivir y de pensar de determinado grupo humano en particular. Engloba múltiples aspectos como los valores, creencias, costumbres, intereses, lenguaje, formas de organización familiar, laboral, económica entre otras, que condicionan el modo de vivir de un grupo social en una época”
Creo que nos salimos del tema, le dije. No, aseguró. Usted me habló de cultura y para tratar un tema es indispensable saber su significado.
Después de hacer algunos otros comentarios acerca de la composición partidista de la presente administración municipal, … que era panista, pero con presidente priísta, que en realidad era empanizada, que si el partido azul, ante la incapacidad de tener candidato propio, había capturado un golondrino, que… nos despedimos con el deseo de volvernos a encontrar próximamente.
Al llegar a casa motivado por el encuentro, me dediqué un rato a investigar más sobre el tema y encontré que en general, la cultura es una especie de tejido social que abarca las distintas formas y expresiones de una sociedad determinada. Por lo tanto, las costumbres, las prácticas, las maneras de ser, los rituales, los tipos de vestimenta y las normas de comportamiento son aspectos incluidos en la cultura.
Otra definición establece que la cultura es el conjunto de informaciones y habilidades que posee un individuo. Para la UNESCO, la cultura permite al ser humano la capacidad de reflexión sobre sí mismo: a través de ella, el hombre discierne valores y busca nuevas significaciones.
Cada vez que platico con este sucio ranchero aprendo algo, se eleva mi conciencia y me vuelvo más culto. No sé qué quiere decir esto pero les aseguro que soy un Eterno Aprendiz.

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