jueves, 29 de noviembre de 2012
El lado oscuro del Universo:
Lente gravitacional
Por: Mario Alberto
Rodríguez-Meza
*las figuras del artículo están en la entrada anterior.
Cuando miramos hacia
el cielo nuestros ojos son uno de los mecanismos para procesar lo que
vemos, nuestros ojos son una de las ventanas para mirar el Universo.
La luz que nos llega del espacio exterior se origina por procesos
físicos que ocurren en los objetos celestes y que producen radiación
electromagnética. Por ejemplo, nuestro Sol nos alumbra con radiación
que está en la longitud de onda del color amarillo (un longitud de
onda de aproximadamente 5100 Angströms, 1 Angström es igual a 10-10
metros) y esta
luz el Sol la produce por las reacciones nucleares de fusión en su
interior en la que átomos de hidrógeno se transforman en átomos de
helio. Hace algunas décadas todo lo que sabíamos sobre los objetos
celestes, su masa, temperatura, tamaño, composición química,
distancia, etcétera, lo deducíamos a partir de la luz que
recibíamos de ellos. Por ejemplo, en un cúmulo de galaxias, el gas
caliente –con temperaturas entre 106y
108
grados Kelvin (entre 1 millón y 100 millones de grados Kelvin, como
comparación el punto de ebullición del agua es 373 grados Kelvin)
–, puede emitir luz de longitud de onda característica, porque los
átomos del gas, que se mueven a muy alta velocidad, al chocar con
otros átomos producen rayos-X. La emisión de esta radiación (con
longitudes de onda más cortas que 10 nanómetros) nos da información
de la temperatura del gas. De hecho la mejor manera que tenemos de
encontrar cúmulos de galaxias es buscar los rayos-X en la luz que
recibimos del cosmos. Hay dos satélites espaciales que llevan
telescopios capaces de “mirar” los rayos-X, El
observatorio de rayos-X Chandra
de la NASA y El
XMM-Newton de la
Agencia Espacial Europea. Una imagen de un cúmulo de galaxias fue
puesta en el número 3 de Inchátiro, en su página 13 les mostramos
el cúmulo Coma,
visto tanto en el visible como en rayos-X.
Figura 1. Una caricatura vista
normal y a través de un vidrio muy irregular.
¿Pero
tenemos otras formas de mirar al Universo? claro que sí. Los objetos
en el Universo interactúan de muchas formas entre sí o con la
radiación electromagnética. La atracción gravitacional entre los
cuerpos, por el hecho de tener masa, es una forma más de interacción
entre los objetos y esta interacción puede ser usada como un
mecanismo de observación y éste, por esa similitud del fenómeno
con las lentes comunes ópticas, se llama lente
gravitacional.
Veamos cómo llegamos a esto. Una de las pruebas más espectaculares
de la teoría general de la relatividad fue llevada a cabo en 1919
por el físico inglés Sir Arthur Eddington quien observó la
posición de una estrella que estaba muy cerca de la corona del Sol
en el momento del eclipse de ese año (ver la ilustración en la
página 14 del número 5 de Inchátiro). Esta posición se comparó
con la posición de la misma estrella seis meses después y se
observó un desplazamiento aparente de esta estrella. La teoría
general de la relatividad nos dice que un objeto por el hecho de
tener masa deforma la geometría del espacio-tiempo a su alrededor
(ver Inchátiro número 5, páginas 12-14); entonces, un rayo de luz
al pasar por su vecindad sigue las geodésicas consistentes con la
métrica de este espacio-tiempo. Einstein entonces usó este hecho e
hizo el cálculo de las geodésicas y encontró el desplazamiento
para una estrella como la observada durante el eclipse de 1919, el
acuerdo entre teoría y observación fue excelente. Bien, en otras
palabras, este desplazamiento es debido a que la trayectoria de la
luz es afectada por el campo gravitacional de un objeto. Pero este
efecto para ser apreciado debe ser provocado por campos
gravitacionales intensos como el del Sol o de objetos aún más
masivos. Esto quiere decir que un objeto masivo como el Sol u objetos
aún más masivos pueden amplificar y distorsionar los rayos de luz
de objetos que están detrás ellos. Por ejemplo, el poderoso campo
gravitacional de un cúmulo de galaxias puede doblar los rayos de luz
que proviene de galaxias distantes, como una lente óptica puede
doblar la trayectoria de la luz para formar una imagen distorsionada
de un objeto como se muestra en la figura 1, ahí vemos una
caricatura normal y vista a través de una lente óptica que la
deforma.
Figura 2. (a) Deflexión de la luz
al pasar cerca de una galaxia. (b) El
anillo de Einstein.
Así, entonces, el
efecto de lente gravitacional ocurre cuando la luz de objetos en el
cielo, al ir viajando por el espacio, es desviada o distorsionada al
pasar cerca de otros objetos o grupos de objetos masivos (ver la
figura 2a).Si ocurre que el conjunto de objetos que hacen las veces
de lente gravitacional se distribuyen espacialmente con simetría
esférica, y este grupo y el objeto emisor de luz están alineados
perfectamente con nuestra línea de visión se observará un anillo,
llamado El anillo de
Einstein, como se
observa en la ilustración de la figura 2b. En la imagen siguiente
(figura 3) se muestra al objeto LRG 3-757, una herradura cósmica que
nos muestra la formación de casi un anillo de Einstein. La galaxia
roja en el centro actúa como lente gravitacional que amplifica y
distorsiona la imagen de otra galaxia azul que está muchísimo más
lejos y justo detrás de la primera. La alineación entre las dos
galaxias hace que la luz de la más lejana forme un anillo casi
completo en torno a la más cercana. Este fenómeno fue detectado por
un equipo liderado por Vasily Belokurov de la Universidad de
Cambridge usando datos del catalogo SDSS (por las siglas en inglés
de Sloan Digital Sky Survey). El nombre de LRG es por las siglas en
inglés de Luminous Red Galaxy (galaxia roja luminosa). La imagen fue
obtenida por el telescopio espacial Hubble. La galaxia roja cercana
está a 4,600 millones años luz de distancia, mientras que la
galaxia azul distante se encuentra a 10,900 millones de años luz. El
estudio de este casi anillo de Einstein nos permite estimar la masa
total, tanto de la materia visible como de la oscura, de la galaxia
roja que sirve como lente gravitacional.
Figura 3. En esta
imagen del satélite Hubble se ve la formación de un anillo de
Einstein casi completo. Es el objeto LRG 3-757.
El
primer efecto de lente gravitacional fue observado por los astrónomos
Kyongae Chang y Sjur Refsdal, en 1979, cuando midieron variaciones en
el brillo de un cuásar lejano producidas por el efecto de las
estrellas individuales de una galaxia cercana. El nombre de cuasar
viene del inglés quasi
stellar radio source,
es un término formado a partir de la descripción en inglés con que
se expresó la naturaleza peculiar de unos objetos descubiertos en
los años cincuentas y que mostraban un espectro luminoso diferente
al de las estrellas, es decir, las cantidades relativas de luz roja,
azul y ultravioleta no se parecían a las de ninguna otra estrella.
Se dice que los cuasares están muy lejos, lo que se puede inferir
por el alto grado de corrimiento al rojo de su luz que nos llega, son
extremadamente luminosos, lo que nos permite verlos a pesar de la
distancia. Aún no se sabe que son, una posibilidad es que sean
núcleos activos de galaxias en formación. El corrimiento en la
frecuencia de vibración de su luz que nos llega es debido a la
expansión del Universo, por esta razón su estudio es muy útil para
entender mejor como está evolucionando, a gran escala, el cosmos.
Bien, regresemos a los lentes gravitacionales. Cuando el efecto de
lente lo produce un planeta o estrella se le conoce como microlente
gravitacional y
permite la observación de objetos poco luminosos y agujeros negros.
Por ejemplo, el primer planeta extrasolar detectado por la técnica
de microlente fue descubierto en 2003 por I.A. Bond y su equipo de
colaboradores. Este planeta así descubierto se llama OGLE 2003-BLG
235. La técnica específica de microlente gravitacional se ha usado
para detectar o estudiar a un posible candidato de materia oscura, a
los MACHOS (MAssive
Compact Halos Objects)
de los cuales les hablé en el número 3 de Inchátiro.
Figura 4. La ilustración del
efecto de lente gravitación debido a un cúmulo de galaxias.
El
efecto de lente gravitacional debido a cúmulos de galaxias es
diferente al efecto de lente de objetos compactos, como agujeros
negros, estrellas, planetas gigantes o que incluso una sola galaxia.
Esto se debe a que la materia, es decir, las estrellas, el gas y la
posible materia oscura que constituyen al objeto, se distribuyen de
una manera no tan uniforme o esférica como en el caso de un planeta
o una estrella. El efecto de lente gravitacional debido a un cúmulo
de galaxias se ilustra en la figura 4. En la figura 5 les muestro una
imagen del catálogo SDSS, el objeto J1004+4112. En óvalos se
muestran las imágenes virtuales de una galaxia más lejana y que
está atrás del cúmulo, mientras que en círculos les muestro las
imágenes virtuales de un cuasar. Una característica del fenómeno
de lente por cúmulos es que las imágenes virtuales de los objetos
no están distribuidos u orientados tan ordenadamente o de tamaños
casi iguales, caso contrario al efecto de lente cuando sólo tenemos
un objeto que envía la luz y un objeto que hace la función de lente
gravitacional.
Figura
5. El cúmulo de galaxias SDSS J1004+4112. En óvalos están las
imágenes virtuales de una galaxia que se forman por el efecto de
lente gravitacional provocado por el cúmulo. En círculos están las
imágenes de un cuasar.
Para
los que tengan una tina de baño en casa, les sugiero hacer el
siguiente experimento que será un símil de la luz moviéndose
alrededor de un agujero negro. Llenen la tina hasta la mitad con
agua, más o menos. Dejamos que el agua repose y no haya movimientos
visibles. La superficie del agua simulará el espacio. Abrimos poco a
poco la llave y dejamos que gotee lentamente, con esto se generan
frentes de onda, como los frentes de luz que produce una estrella. A
continuación con mucho cuidado y tratando de no perturbar mucho el
agua, quitamos el tapón de la tina, lo que será el símil de
agujero negro. Observarán, entonces, frentes de onda moviéndose y
que al llegar al remolino se bifurcan en dos frentes de onda. Si
pusiéramos sobre la superficie un observador un poco más allá de
la llave y del tapón, veríamos cómo estos dos frentes de onda
llegan desde direcciones diferentes a él. Para más detalles
estudien la ilustración en la figura 6 y su pie de figura.
Figura
6. El experimento de la tina. La estrella (en medio de sus imágenes)
está donde gotea el agua; el remolino (que se forma cuando se
destapa la tina) es el agujero negro; el observador uno lo puede
colocar al gusto sobre la superficie del agua, es una posición
imaginaria. Los conjuntos de círculos concéntricos son tres, un
conjunto comienza donde gotea el agua de la llave, los otros dos
conjuntos se forman cuando las ondas del primer conjunto llegan al
remolino.
Hemos
visto pues que lente gravitacional es la deflexión de los rayos de
luz por los cuerpos que tienen masa y esta clase de fenómenos se
divide en tres categorías. Lente
fuerte:
es la situación cuando un cuerpo es claramente abrillantado o
distorsionado por un lente gravitacional.
Lente débil:
describe la situación donde el efecto de lente observado es muy
débil de detectar para una fuente individual, pero donde los efectos
de lente de un número grande de fuentes son claramente discernibles.
Microlente:
Es la situación que ya describimos antes, y es el nombre dado al
fenómeno de lente gravitacional debido a objetos que casi no emiten
luz y son más pequeños que el Sol.
Las
lentes ópticas las tenemos que hacer y con ellas entonces construir
telescopios; las lentes gravitacionales nos las da la naturaleza, el
cosmos, están ahí en el cielo esperándonos para entregarnos sus
imágenes. Como Uds. han podido apreciar ésta es una de las
predicciones de la teoría de la relatividad general desarrollada por
Einstein hace ya casi 100 años, en 1915, y que nos permitirá
averiguar más sobre los fenómenos producidos por la enigmática
materia oscura, tema de esta serie El
lado oscuro del Universo.
La clave para poder inferir algunas propiedades de la materia oscura
usando las lentes gravitacionales es que el fenómeno de lente es
debido a la distribución de la masa total de la lente, masa visible
y oscura. Esto significa que podemos hacer un mapa de la distribución
de la masa (oscura y visible) en un cúmulo de galaxias, por citar un
ejemplo. En un número próximo les hablaré del cúmulo
bala,
una colisión de dos supercúmulos que se ha estudiado usando la
técnica de la lente gravitacional y la cual se ha considerado como
una de las pruebas “directas” de la existencia de la materia
oscura.
Referencias
- José Natário, General Relativity without Calculus. (Springer-Verlag, Berlin, 2011). Nota: es un libro que explica la teoría general de la relatividad basándose en las matemáticas y la física elementales, como las que se enseñan en la secundaria y primeros años de la preparatoria.
- Mario A. Rodríguez-Meza, Serie: El lado oscuro del Universo, Inchátiro, números del 1 al 6 (2012). Nota: son artículos de divulgación para todo público.
- Mario A. Rodríguez-Meza, J. Suárez-Cansino y T. Matos (Editores), Métodos Numéricos en Astrofísica. (Innovación Editorial Lagares, México, D.F., 2011). Nota: es un libro un poco técnico, adecuado para estudiantes avanzados de ciencias e ingeniería.
- J.L. Cervantes-Cota, S. Galindo, J. Klapp y Mario A. Rodríguez-Meza, Las Mejores Historias del Joven Einstein. (Ediciones del Milenio, México, D.F., 2005). Nota: es un libro un poco técnico, adecuado para estudiantes de ciencias e ingeniería.
- T. Matos, ¿De qué está hecho el Universo? Colección la Ciencia para Todos, FCE. (Fondo de Cultura Económica, México, D.F., 2004). Nota: este es un libro de divulgación, para todo público.
- A. Liddle, Introduction to Modern Cosmology, second edition. (John Wiley & Sons, West Sussex, England, 2003). Nota: este es un libro un poco técnico, adecuado para estudiantes de ciencias e ingeniería de los últimos años de la carrera.
miércoles, 21 de noviembre de 2012
sábado, 17 de noviembre de 2012
El lado oscuro del Universo:
Lente gravitacional
Por: Mario Alberto
Rodríguez-Meza
Fotografías a color para apreciar mejor el artículo que se publica en el no. 7 de la revista.
Figura 1. Una caricatura vista
normal y a través de un vidrio muy irregular.
Figura 2. (a) Deflexión de la luz
al pasar cerca de una galaxia. (b) El
anillo de Einstein.
Figura 3. En esta
imagen del satélite Hubble se ve la formación de un anillo de
Einstein casi completo. Es el objeto LRG 3-757.
Figura 4. La ilustración del
efecto de lente gravitación debido a un cúmulo de galaxias.
Figura
5. El cúmulo de galaxias SDSS J1004+4112. En óvalos están las
imágenes virtuales de una galaxia que se forman por el efecto de
lente gravitacional provocado por el cúmulo. En círculos están las
imágenes de un cuasar.
Figura
6. El experimento de la tina. La estrella (en medio de sus imágenes)
está donde gotea el agua; el remolino (que se forma cuando se
destapa la tina) es el agujero negro; el observador uno lo puede
colocar al gusto sobre la superficie del agua, es una posición
imaginaria. Los conjuntos de círculos concéntricos son tres, un
conjunto comienza donde gotea el agua de la llave, los otros dos
conjuntos se forman cuando las ondas del primer conjunto llegan al
remolino.
jueves, 15 de noviembre de 2012
fotos de Tacámbaro
Es mi barrio en la colonia La Purísima, amanecía y la oscuridad que está llena de luz iluminó fuertemente la toma, apenas el sol dejaba ver sus primeros rayos
La Casa del Artesano, en la plazuela Lázaro Cárdenas en Tacámbaro ahí encontrarán la artesanías y otros productos que se producen en el municipio de Tacámbaro.
El Embrujo, represa que alimentó a principios del siglo XX la primera planta de luz y se encuentra a 1 kilómetro de San Antonio de Viña rumbo al Durazno.
La fuente de la Plazuela Lázaro Cárdenas
Otra toma de la Plazuela Lázaro Cárdenas.
miércoles, 14 de noviembre de 2012
EL PAJARITO
Gabriel Aguilar Ramírez
publicado en el periodico Tacamba el 3 de nov. de 2012
El pajarito era un borrachín que se la pasaba siempre en la'agua y murió de una borrachera espantosa, bueno ni tanto, creo que esa borrachera le duró como cincuenta años. Siempre andaba como los políticos, con su círculo de amigos más cercanos, los únicos que lo podían seguir o que él seguía -sabrá dios-, los del escuadrón de la muerte. Tenía el pajarito una hermana. No se emocionen, era más fea que una tecuana, pero estimaba en demasía a su hermano borracho, por eso le prodigaba todas las atenciones cuando lo veía.
A la casa de su hermana llegaba el pajarito, luego de algún tiempo de no comer, -ya saben los que saben que el alcohol da todas las calorías necesarias para subsistir-, se estaba uno o dos días reposando mientras se le llenaba la tripa de frijoles y luego ya recompuesto, lo empezábamos a oír chiflar como jilguero en celo y ya sabíamos que se estaba preparando para proseguir la parranda.
Era conocido como el pajarito, por la forma de imitar el canto de los pájaros. Siempre, bueno y sano o borracho- era bien chiflador, gorgoreaba o gorjeaba las canciones de Pedro Infante, Javier Solís, y de José Alfredo Jiménez, menos las de Vicente Fernández ni de Juan Gabriel, “porque no le gustaba música de maricones”, eso decía, ignoro sus razones y yo no soy nadie para juzgar.
Pero todo tiene un límite y un día le dio por morirse en su tierra, allá en el rancho de Huatzanguio. El hígado no aguantó para más y reventó de tanto alcohol o sería que el cerebro se le secó de tantas desveladas o una tripa se le reventó de tanta risa o el hocico se le cerró de tanto chiflar, vaya usted a saber, pero llegó el momento en que la muerte se lo llevó para que le chiflara la misma canción que le cantaba en vida:
“La muerte tras la ventana está merodeando
y con su guitarra entona cantos de antaño
me dice que mis asuntos
mejor los vaya ordenando
lo mismo es vivir un día que un ciento de años”
“La muerte me enamora con sus falacias
me sigue hasta la laguna en lancha florida
vivir es una desgracia
con el alma dividida
pero a la cabrona muerte le causa gracia”
Y el pajarito rebasó todos los límites permitidos por el señor alcohol. Y el pajarito murió, como ya les había dicho. Los amigos fueron los primeros que llegaron, perdón, ellos lo llevaron a su casa bien fundido, porque según dijeron, luego de terminar con dos botellas de alcohol del 99º de tapa roja, se quedó dormido. Allá por la madrugada cuando el frío arreció, lo quisieron despertar para que se tapara con su mugrienta chamarra y está más frío que las paletas de la paletería “el volcán”.
Lo llevaron a casa de su hermana y lo comenzaron a velar, como no tenían para la caja, lo enredaron en un petate y en medio de una habitación de adobe lo pusieron en el suelo rodeado con flores del monte y unas veladoras de cebo de tlacuache. Luego consiguieron una lata de alcohol para recibir a los que llegaran a acompañar al difunto, mientras su círculo de amigos juntaron unas tablas viejas que agarraron de un chiquero de puercos cuinos -que aventaron pal' monte- y formaron una media caja para meter al pajarito.
Y llegaron las anécdotas del pajarito.
Decían que cuando se ponía borracho, le entraba la melancolía y se ponía bien sentimental porque nunca conoció el sentimiento de tener a una mujer, porque siempre se dedicó con toda su voluntad a hacer la voluntad del señor alcohol. Por eso nadie se la creía.
También se ponía triste porque su ídolo siempre fue “Don Quijote de la Mancha” de Miguel de Cervantes Saavedra, y nunca tuvo oportunidad de leerlo porque nunca tuvo tiempo ni dinero para comprarlo, y que además eran chingaderas –decía- haber hecho ese librote. Que le hubiera costado a Cervantes haberlo hecho más pequeño y con monitos para entenderle mejor. Acaso fue culpa nuestra -continuaba el pajarito-, que a Cervantes lo hayan metido a la cárcel y como no tuvo nada que hacer se puso a escribir ese mamotreto, lo bueno fue que le mocharon una mano, si no, imagínense que hubiera escrito con la dos. - Y así terminaba el pajarito, siempre enojado con Cervantes.
Cantaron “el alabao” con toda la carga de melancolía de los borrachos y luego se fueron quedando dormidos todos.
Al día siguiente amaneció bien nublado, como queriendo llover y los familiares se paseaban nerviosos porque no llegaba el carro para llevar al pajarito al panteón de san Mauro que está en Tacámbaro como a 15 kilómetros del rancho. Pero los amigos comprometidos con la amistad del insigne difunto prometieron que se lo llevarían cargado hasta el pueblo. Agarraron primero la lata de alcohol y luego agarraron al pajarito y con todo y petate lo metieron al medio cajón que habían armado con algunos clavos, lazos, cicuas y alambres, se lo cargaron y echaron a andar pal' pueblo.
Entre cantos y lloriqueos y tragos de alcohol se fueron por las veredas pal' monte. Fueron subiendo la montaña, llegaron a “las enramadas” y descansaron un poco, casi se habían acabado la lata de alcohol. Agarraron de nueva cuenta al muerto y echaron a andar de nuevo mientras una fina lluvia comenzaba a remojar el suelo. Agarraron por una vereda desconocida a la cuesta abajo para tratar de llegar al río de san Juan antes que llegara la crecida. Fue cuando al pasar cerca de una honda barranca, por lo mojado y resbaladiso de las hojas mojadas y lodosas, se resbaló el que iba adelante, pero en lugar de soltar la caja para nada más caer él, se colgó pensando que los otros lo detendrían, fue en ese momento cuando el cajón con todo el pajarito adentro, cayó por la ladera.
Comenzaron los gritos de la hermana y de los dolientes. “agárrenlo, deténganlo por favor”, “cómo son pendejos”. Los cargadores fueron tras del improvisado féretro que iba agarrando más velocidad a la cuesta abajo, luego empezó a dar tumbos y a rodar, en cierto momento el cajón chocó contra un encino y yo creo que el chingadazo le dolió al pajarito, porque salió del cajón como si tuviera alas y se fue por su lado rodando y dando tremendos tumbos, se rompió el lazo que apretaba el petate enredado en el difunto y al pajarito nomás se le veía rodando, abriendo brecha entre las jaras, a veces caía parado, a veces de cabeza, pero no se detuvo hasta que llegó al fondo de la barranca, cayendo entre las piedras de puras nalgas.
Eran casi 100 metros hasta el fondo, los pedazos del cajón yacían en varias partes de la ladera hecho pedazos. Como pudieron los beodos amigos llegaron hasta donde descansaba el pajarito despues de tremenda soba que se puso a la cuesta abajo, lo encontraron enlodado, casi encuerado, con la naríz rota, aunque no le sangraba. No hallaban que hacer, porque sacarlo de ahí estaba bien difícil. Unos querían mejor que se hiciera un pozo y lo enterraran ahí, pero los gritos histéricos de la hermana los regresó a la realidad. Alguien llegó con un lazo largo y amarraron al pajarito por debajo de las axilas y lo fueron arrastrando entre varios cuesta arriba. Lo sacaron luego de varias horas, recogieron ahora sí que el petate del muerto, de nuevo lo enredaron y amarraron bien para que no se volviera a soltar, lo cargaron y fue así que llegaron al oscurecer con él al panteón de san Mauro. La lluvia continuaba por eso nomás llegaron lo aventaron al agujero que estaba medio lleno de agua y sin más lo taparon. Pobre pajarito, nunca en su inutil vida probó el agua y ahora luego de morir de una cruda lo avientan en un agujero lleno de agua, a ver si no le hace daño. Ni cruz le pusieron, por eso el día que fui a buscarlo no lo pude encontrar.
El pajarito era un borrachín que se la pasaba siempre en la'agua y murió de una borrachera espantosa, bueno ni tanto, creo que esa borrachera le duró como cincuenta años. Siempre andaba como los políticos, con su círculo de amigos más cercanos, los únicos que lo podían seguir o que él seguía -sabrá dios-, los del escuadrón de la muerte. Tenía el pajarito una hermana. No se emocionen, era más fea que una tecuana, pero estimaba en demasía a su hermano borracho, por eso le prodigaba todas las atenciones cuando lo veía.
A la casa de su hermana llegaba el pajarito, luego de algún tiempo de no comer, -ya saben los que saben que el alcohol da todas las calorías necesarias para subsistir-, se estaba uno o dos días reposando mientras se le llenaba la tripa de frijoles y luego ya recompuesto, lo empezábamos a oír chiflar como jilguero en celo y ya sabíamos que se estaba preparando para proseguir la parranda.
Era conocido como el pajarito, por la forma de imitar el canto de los pájaros. Siempre, bueno y sano o borracho- era bien chiflador, gorgoreaba o gorjeaba las canciones de Pedro Infante, Javier Solís, y de José Alfredo Jiménez, menos las de Vicente Fernández ni de Juan Gabriel, “porque no le gustaba música de maricones”, eso decía, ignoro sus razones y yo no soy nadie para juzgar.
Pero todo tiene un límite y un día le dio por morirse en su tierra, allá en el rancho de Huatzanguio. El hígado no aguantó para más y reventó de tanto alcohol o sería que el cerebro se le secó de tantas desveladas o una tripa se le reventó de tanta risa o el hocico se le cerró de tanto chiflar, vaya usted a saber, pero llegó el momento en que la muerte se lo llevó para que le chiflara la misma canción que le cantaba en vida:
“La muerte tras la ventana está merodeando
y con su guitarra entona cantos de antaño
me dice que mis asuntos
mejor los vaya ordenando
lo mismo es vivir un día que un ciento de años”
“La muerte me enamora con sus falacias
me sigue hasta la laguna en lancha florida
vivir es una desgracia
con el alma dividida
pero a la cabrona muerte le causa gracia”
Y el pajarito rebasó todos los límites permitidos por el señor alcohol. Y el pajarito murió, como ya les había dicho. Los amigos fueron los primeros que llegaron, perdón, ellos lo llevaron a su casa bien fundido, porque según dijeron, luego de terminar con dos botellas de alcohol del 99º de tapa roja, se quedó dormido. Allá por la madrugada cuando el frío arreció, lo quisieron despertar para que se tapara con su mugrienta chamarra y está más frío que las paletas de la paletería “el volcán”.
Lo llevaron a casa de su hermana y lo comenzaron a velar, como no tenían para la caja, lo enredaron en un petate y en medio de una habitación de adobe lo pusieron en el suelo rodeado con flores del monte y unas veladoras de cebo de tlacuache. Luego consiguieron una lata de alcohol para recibir a los que llegaran a acompañar al difunto, mientras su círculo de amigos juntaron unas tablas viejas que agarraron de un chiquero de puercos cuinos -que aventaron pal' monte- y formaron una media caja para meter al pajarito.
Y llegaron las anécdotas del pajarito.
Decían que cuando se ponía borracho, le entraba la melancolía y se ponía bien sentimental porque nunca conoció el sentimiento de tener a una mujer, porque siempre se dedicó con toda su voluntad a hacer la voluntad del señor alcohol. Por eso nadie se la creía.
También se ponía triste porque su ídolo siempre fue “Don Quijote de la Mancha” de Miguel de Cervantes Saavedra, y nunca tuvo oportunidad de leerlo porque nunca tuvo tiempo ni dinero para comprarlo, y que además eran chingaderas –decía- haber hecho ese librote. Que le hubiera costado a Cervantes haberlo hecho más pequeño y con monitos para entenderle mejor. Acaso fue culpa nuestra -continuaba el pajarito-, que a Cervantes lo hayan metido a la cárcel y como no tuvo nada que hacer se puso a escribir ese mamotreto, lo bueno fue que le mocharon una mano, si no, imagínense que hubiera escrito con la dos. - Y así terminaba el pajarito, siempre enojado con Cervantes.
Cantaron “el alabao” con toda la carga de melancolía de los borrachos y luego se fueron quedando dormidos todos.
Al día siguiente amaneció bien nublado, como queriendo llover y los familiares se paseaban nerviosos porque no llegaba el carro para llevar al pajarito al panteón de san Mauro que está en Tacámbaro como a 15 kilómetros del rancho. Pero los amigos comprometidos con la amistad del insigne difunto prometieron que se lo llevarían cargado hasta el pueblo. Agarraron primero la lata de alcohol y luego agarraron al pajarito y con todo y petate lo metieron al medio cajón que habían armado con algunos clavos, lazos, cicuas y alambres, se lo cargaron y echaron a andar pal' pueblo.
Entre cantos y lloriqueos y tragos de alcohol se fueron por las veredas pal' monte. Fueron subiendo la montaña, llegaron a “las enramadas” y descansaron un poco, casi se habían acabado la lata de alcohol. Agarraron de nueva cuenta al muerto y echaron a andar de nuevo mientras una fina lluvia comenzaba a remojar el suelo. Agarraron por una vereda desconocida a la cuesta abajo para tratar de llegar al río de san Juan antes que llegara la crecida. Fue cuando al pasar cerca de una honda barranca, por lo mojado y resbaladiso de las hojas mojadas y lodosas, se resbaló el que iba adelante, pero en lugar de soltar la caja para nada más caer él, se colgó pensando que los otros lo detendrían, fue en ese momento cuando el cajón con todo el pajarito adentro, cayó por la ladera.
Comenzaron los gritos de la hermana y de los dolientes. “agárrenlo, deténganlo por favor”, “cómo son pendejos”. Los cargadores fueron tras del improvisado féretro que iba agarrando más velocidad a la cuesta abajo, luego empezó a dar tumbos y a rodar, en cierto momento el cajón chocó contra un encino y yo creo que el chingadazo le dolió al pajarito, porque salió del cajón como si tuviera alas y se fue por su lado rodando y dando tremendos tumbos, se rompió el lazo que apretaba el petate enredado en el difunto y al pajarito nomás se le veía rodando, abriendo brecha entre las jaras, a veces caía parado, a veces de cabeza, pero no se detuvo hasta que llegó al fondo de la barranca, cayendo entre las piedras de puras nalgas.
Eran casi 100 metros hasta el fondo, los pedazos del cajón yacían en varias partes de la ladera hecho pedazos. Como pudieron los beodos amigos llegaron hasta donde descansaba el pajarito despues de tremenda soba que se puso a la cuesta abajo, lo encontraron enlodado, casi encuerado, con la naríz rota, aunque no le sangraba. No hallaban que hacer, porque sacarlo de ahí estaba bien difícil. Unos querían mejor que se hiciera un pozo y lo enterraran ahí, pero los gritos histéricos de la hermana los regresó a la realidad. Alguien llegó con un lazo largo y amarraron al pajarito por debajo de las axilas y lo fueron arrastrando entre varios cuesta arriba. Lo sacaron luego de varias horas, recogieron ahora sí que el petate del muerto, de nuevo lo enredaron y amarraron bien para que no se volviera a soltar, lo cargaron y fue así que llegaron al oscurecer con él al panteón de san Mauro. La lluvia continuaba por eso nomás llegaron lo aventaron al agujero que estaba medio lleno de agua y sin más lo taparon. Pobre pajarito, nunca en su inutil vida probó el agua y ahora luego de morir de una cruda lo avientan en un agujero lleno de agua, a ver si no le hace daño. Ni cruz le pusieron, por eso el día que fui a buscarlo no lo pude encontrar.
Revista Inchátiro no. 4
Maderas
de la sierra al arpa grande:
don
Fernando Mendoza Madrigal
Raúl Eduardo González
En
su natal rancho La Cofradía, comunidad alejada de la cabecera
municipal de Coalcomán, donde hoy radica, el pequeño Fernando, hijo
de don Everardo Mendoza y doña Margarita Madrigal, conoció la
maravilla de los árboles que pueblan la Sierra Madre del Sur, que en
pie tiñen de mil verdes y azules el panorama abigarrado de cumbres
tras cuyas lejanías se remontan, a un lado, la costa; al otro, la
bulliciosa Tierra Caliente, con el eco de su música vital. Fernando
escuchó en su más tierna edad al conjunto de la familia Ruiz, en un
rancho vecino a Cochista, el lugar donde él creció, y con sus
acordes y melodías descubrió el noble destino que aquellos
frondosos pinceles de la sierra podían alcanzar.
Fue
tal su fascinación por la música que, según se indica en su
currículum, realizado por el profesor Tomás Guerrero, “su afán
lo llevó a elaborar sus propios instrumentos y fue a la edad de seis
años cuando por primera vez con una tabla delgada conocida como
tejamanil y con cuerdas de cola de caballo elaboró una
guitarra, que desde luego no tenía resonancia, y optó por robarle a
su mamá el recipiente donde guardaba las tortillas, conocido en esta
región como balsa, y eso utilizó como caja de resonancia;
así ya pudo ponerle clavijas y el instrumento tuvo más
características de guitarra”.
Más
tarde, a los trece o catorce años, luego de ensayar con varias
guitarras de tejamanil, hizo su primera arpa, y un poco después
empezó a estudiar música y a salir a tocar con los Ruiz, con los
viejos primero y luego con los más jóvenes; para estudiar con ellos
tenía que andar por una hora, de noche, luego de haber trabajado en
el campo con su padre. Don Fernando se desempeñó como músico en
conjuntos de arpa grande, ejecutando la guitarra de golpe y el arpa
hasta hace unos diez o doce años. Gran admirador y amigo de Los
Caporales de Santa Ana, llegó a tocar también con ellos en fiestas
por los alrededores de Coalcomán, sin ser integrante formal del
grupo; tocaba “de puntada, no de compromiso”, dice.
Una
nota de prensa aparecida luego de la designación de Fernando Mendoza
como ganador del premio Estatal de las Artes Eréndira en el año
2009 señalaba que él era originario de Paracho; la impresión no
resulta extraña, pues esa población ha alcanzado fama internacional
por la calidad de sus instrumentos musicales; pero el hecho pone de
relieve asimismo que don Fernando ha tenido que forjar en buena
medida su propia tradición: ciertamente, aprendió del oficio y
sobre los instrumentos con su compadre Luis Espinosa, el célebre
laudero de San Juan de los Plátanos, hoy desaparecido, de quien don
Fernando es digno sucesor. Sus instrumentos han alcanzado fama por
méritos propios y son hoy por hoy los más procurados por los
músicos de los conjuntos de arpa de la Tierra Caliente y la costa de
nuestro estado.
Así,
Fernando Mendoza Madrigal se ha convertido en un personaje
fundamental no sólo de la laudería sino también de la música de
la región: además de su trabajo como ejecutante, ha dotado a los
conjuntos con arpas, guitarras de golpe y vihuelas ―aunque ha
construido también algunos violines―, ha reparado instrumentos
antiguos o en mal estado y de tal forma ha propiciado el que los
músicos tradicionales puedan continuar su labor, con cordófonos de
alta calidad, cada vez mejores, construidos por un hombre que ha
encontrado en la música su razón de ser y su actividad cotidiana, a
la cual se ha entregado de forma especializada desde hace 23 años.
Quien le compra un instrumento puede tener la certeza de que “no
volverá en diez o doce años” a verlo por defectos ni por
descomposturas. Don Fernando sabe que los músicos de los conjuntos
de arpa andarán con sus pertrechos al hombro recorriendo a pie y en
camioneta los caminos y brechas de la región, es consciente de que
les darán un uso constante y vigoroso, de manera que los hace con
los mejores materiales y con esmerado procedimiento, para que sean
durables, para “que desquiten el dinero que cuestan”, según lo
dice él mismo.
El
reconocimiento mayor a su trabajo se ha dado por parte de los propios
músicos terracalenteños y de la costa, quienes lo recomiendan y
reconocen que los instrumentos salidos del taller de don Fernando son
de la más alta calidad y se ajustan a los requerimientos de su
trabajo cotidiano. Su reconocimiento y aprecio se hace patente además
el 30 de mayo de cada año, cuando los músicos concurren a
felicitarlo en su santo ―conjuntos como Los Caporales de Santa Ana,
Los Hermanos Barajas, Los Hermanos Martínez, Los Terrenarios y el
Mariachi Coalcomán―, para avivar el gusto de este hombre por la
música, un gusto que él ha sabido volcar en tapas, fondos, brazos,
diapasones, palmas y clavijas que prodigan sus voces en la región,
más allá de las fronteras de esta y aun de las de nuestro país, en
el estado de California, donde los paisanos que han debido abandonar
el terruño procuran también la música que les hace recordarlo y
que les da ánimos en el éxodo que tantos michoacanos han tenido que
asumir.
Con
su afición, con su talento y con su dedicación, don Fernando se ha
propuesto que la música de arpa suene bien e, incluso, cada vez
mejor; aspira a que la afinación y la ejecución sean tareas
llevaderas para los músicos, y para ello aporta sus instrumentos
precisos y de bella factura, en el estilo tradicional de la región,
que apunta a una elegante sobriedad. Sus guitarras de golpe o jaranas
tienen tumbo, ese sonido pastoso, profundo y percutivo que los
ejecutantes aprecian; los trastes están bien ajustados, como para
que el jaranero se aventure en el diapasón con desmangues que
contrahagan melodías, tal como los viejos ejecutantes procuraban
hacer. Como las jaranas, las vihuelas no castigan a quien las
toca, a veces por muchas horas en una labor cotidiana en la que las
muñecas y las uñas agradecen la benevolencia de un instrumento con
cuerdas bien calibradas, que tengan la altura precisa respecto del
diapasón y la tapa.
Don
Fernando conoce estas exigencias desde el ámbito de los propios
músicos, y si bien se ha formado en la tradición de la laudería
regional, ha incorporado recursos de construcción en bien de los
instrumentos criollos: sus arpas, por ejemplo, son muchas de
ellas de gajos, con el fondo de tablas ochavadas, al estilo
viejo, aunque también las hace con fondo de triplay curvado, como
las más usuales hoy en día; los músicos las prefieren así, dice,
porque pueden ser de mayor tamaño y resonar más. Todas ellas tienen
en cada clavija un tope, que él llama “sostenido” y que hace las
veces de puente para las cuerdas, lo que permite que estén todas al
mismo nivel respecto del diapasón y que la afinación sea más fácil
y precisa; él señala que ideó e incorporó este recurso en las
arpas grandes de Michoacán por su propio razonamiento, aunque luego
se enteró de que las arpas jarochas tienen un elemento similar.
Asimismo, don Fernando ha dotado a sus arpas grandes con clavijas de
aluminio, más precisas al momento de afinar, que no se hinchan ni se
quiebran, y por ello los arperos de la región las prefieren así,
con la innovación desarrollada por él. Ha mantenido, por otra
parte, el trazo tradicional del diapasón de las arpas
terracalenteñas, así como las proporciones usuales ―empleando
para ellas y para las jaranas la plantillas de don Luis Espinosa―,
y con ello ha logrado mantener el sonido típico que ha alegrado los
bailes al son del tamboreo, de las arcadas, los mánicos, los trinos
y bordones, ese sonido que aderezan los músicos con su sal y
su gusto, el de los sones, jarabes, valonas, canciones y
corridos, tanto como el de los géneros de la música religiosa.
Recientemente,
ha retomado la plantilla del arpa del conjunto de los Ruiz, que ha
sido también del agrado de los músicos. Asimismo, las construye hoy
por hoy con transportadores ―cuando no le es posible conseguirlos,
pues en México no se encuentran―, o acondicionadas para que se les
puedan adaptar a las cuerdas, lo que permite al ejecutante cambiar la
tonalidad y ampliar con ello el repertorio y adecuarse con mayor
facilidad a otros tipos de conjuntos o a la tesitura de grupos o
cantantes que no ejecutan su repertorio en las tonalidades propias de
la región.
Salvo
por el pegamento, que importa de Estados Unidos, y por las cuerdas
agudas, don Fernando Mendoza construye sus instrumentos de todo a
todo: entorcha las cuerdas graves de las arpas, hace las llaves para
afinarlas, así como los adornos para las bocas de estas, de las
jaranas y las vihuelas. Emplea mayormente maderas de la región:
rabelero para la tapa ―el lugar “donde el instrumento da el
sonido”, dice―, cedro o nogal para el puntal o mástil de las
arpas, parota para la cabeza y el banco, fresnillo para el diapasón;
así como triplay de cedro o caoba para el cuerpo y los fondos de los
instrumentos.
Entregado
a la música durante toda su vida, conocedor del oficio de los
conjuntos de arpa grande prácticamente desde todos los ángulos
posibles, Fernando Mendoza Madrigal es un personaje fundamental del
quehacer artístico de la Sierra Madre y la Tierra Caliente de
nuestro estado: su gusto por la música, que le viene de nación,
ha sido el gran impulso que lo ha llevado a superarse en su destino.
Con dedicación e ingenio, ha enriquecido con los medios a su alcance
la tradición musical que late en su corazón. Su legado vive y
resuena al son de nuestra música, de su propia música, a la que don
Fernando ha hecho una sólida y empeñosa aportación. El premio
Estatal de las Artes Eréndira 2009 en el área de Artes
Tradicionales le fue conferido con todo merecimiento, para reconocer
la labor de este hombre que ha consagrado su vida al noble propósito
de hacer resonar las maderas de su tierra natal con la profunda
alegría del arpa grande.
"Don Fernando
Mendoza recibe el Premio Estatal de las Artes Eréndira 2009 de manos
de Leonel Godoy". Fotografía tomada de:
http://restaurantebarlosfarolesyurecuaro.blogspot.mx/2009_10_01_archive.html
Revista Inchátiro No. 6
De cómo un sueño se cumple de
manera inesperada
Gabriela Rangel Cuevas
Hace
mucho, mucho tiempo en un reino lejano existió una chica algo loca y
despilfarrada, nada parecida a las princesas de los cuentos clásicos.
Su cabello tuvo muchas etapas, colores y diseños, al igual que su
ropa y sus estados de ánimo: adolescente, al fin y al cabo. Pero…
¿realmente de qué puede adolecer alguien quien no ha tenido la
verdadera oportunidad vivir? Pues en su caso, le dolía todo. Le
molestaba la lluvia, el sol, las estrellas; no le hacían gracia los
chistes, las películas ni las actividades cotidianas de las personas
de su edad; no comprendía el sentido de las falsas promesas, la
hipocresía o las mentiras. Pero dentro de toda esa apatía, a través
de las capas de desesperación disfrazada de indiferencia, había una
pequeña ilusión que pese a todo, la motivaba a seguir.
No se trataba de
encontrar un príncipe azul, verde o morado, no incluía ser ayudada
por siete lindos amiguitos ni ser salvada gracias a un zapato
confeccionado al último grito de la moda en París. No. Era algo
mucho más complicado. Ya que la vida le parecía de papel periódico,
frágil y en distintas gamas de gris, se inventaba los colores
necesarios para pintarla de alegría. Pero como el dibujo y la
pintura no eran su fuerte, prefería describir esos matices en largas
páginas. Bueno, no tan largas, pero a ella le gustaba pensar que
casi escribía novelas de ochocientas páginas sólo para subir su
autoestima. De esta forma, la joven pasaba horas escribiendo,
leyendo, borrando, releyendo, corrigiendo y aumentando todos los
desvaríos que le llegaban a la mente.
Al principio sus
letras estaban basadas en esos ideales en los que todos creemos
cuando somos jóvenes e inexpertos: amor, lealtad, amistad, honradez.
Pero esas historias eran vacías porque jamás había amado, no se
había visto en la necesidad de probar la lealtad de sus amigos ni
había sido tentada por un manjar tan grande como para dudar entre
“el bien” y “el mal”. Poco importaba esto, pues la chica
seguía escribiendo cada vez más, de tal forma que ni siquiera se
dio cuenta cuando todas las cosas que le parecían sin sentido
comenzaron a formar parte imprescindible de su vida. Los días, los
meses y los años iban pasando, sin dar mayores frutos sobre su
escritura, que igual difícilmente salía de sus libretas.
Entonces se le
presentó la oportunidad de que aquellas letras salieran de su
escondite, entre notas de química y apuntes de filosofía. Salió
una convocatoria, de cierta escuela que no traeré a la memoria
ahora, para un concurso de literatura. Los ojos de la chica se
iluminaron y se dejó llevar por la imaginación: sus textos ganarían
en todas las categorías y entonces el mundo sabría que ella, si,
ella escribía. No hace falta decir que soñó más de lo que
escribió. Pero igual pasó varios días pensando sobre qué
escribir, más días diseñando el texto, y ni se hable de todo el
tiempo que paso puliéndolo. La primer cosa por hacer fue decidir
sobre qué escribir. No es que no tuviera ideas, al contrario, esas
le sobraban. El problema era que necesitaba algo lo suficientemente
profundo como para ganar.
Se decidió por
contar la historia de un amor imposible, pues si tanto se ha hablado,
escrito y cantado sobre el amor, su cuento también podía ser sobre
el complejo y delicado amor. Para que la historia fuera dramática,
situó los hechos en un país de medio oriente y escogió por
personajes a una princesa de rasgos preciosos y a un inglés de
acento flemático. Si hizo cinco páginas sobre cómo ese amor no
llego a concretarse, fueron muchas. Pero para ella casi era una obra
maestra. De haber podido hacerlo, se habría tatuado el nombre del
cuento en letras góticas o algo así, el punto era realzar su hazaña
literaria. Total, que el cuento fue trabajado una y otra vez hasta
lograr una gema perfecta a los ojos de su creadora, forjando un
sentimiento parecido al que sintió el doctor Frankenstein cuando
tuvo a su creación completa y a la espera de vida.
Entre tanto, en otra
escuela afiliada a la del concurso de la chica se abría la misma
convocatoria para sus estudiantes, de tal forma que esas dos
instituciones junto con otras enfrentarían a sus alumnos en
distintas categorías del conocimiento, las artes y el deporte. Se
supone que el punto era fomentar dichas actividades, pero en realidad
aquello siempre se convertía en una especie de carnaval de humores.
En la segunda escuela había una amiga de la chica principiante de
escritora y la amiga se vio obligada a participar en la misma
disciplina que la protagonista de esta historia. Pero la amiga no
tenía ni un poco de cariño por las letras o al menos, no de la
forma en que la otra. Entonces la amiga le pidió que le regalara un
cuento, algo sin chiste, sólo para cumplir con la obligación.
La chica pudo decir
que no. Pudo haber animado a la amiga a que escribiera cualquier
cosa. Pudo haber fingido demencia y no ayudarla. Pero no esa no era
la primera vez que regalaba un texto cualquiera y sin chiste. Además,
ella tendría el cuento perfecto para el concurso y a la amiga la
daría uno equis. Sin contar que era básicamente imposible que se
enfrentaran a la final, pues la chica no volaba tan alto como
imaginar que llegaría hasta ese nivel. El cuento de la amiga sería
algo gracioso, pues no tenía ganas de volverse a quebrar la cabeza
para otro cuento. Cuando estaba escribiendo el cuento de la amiga,
miró por la ventana de su cuarto y vio una lombriz que se convirtió
en el motivo del cuento. La trama puede resumirse en lo siguiente: un
hombre tiene muchos vicios, tantos que en una ocasión se queda
dormido y sueña que se convierte en lombriz gracias a esos defectos
suyos, al despertar cambia sus hábitos por completo por temor a
metamorfosearse en lombriz.
La chica se divirtió
tanto escribiendo que se extendió mucho más de lo que pensaba. Fue
tan graciosa la historia para ella que no pudo evitar leerlo a su
familia, acotando las razones por las cuales ese cuento estaba
destinado a fracasar. Le rieron la gracia, ya sea porque en verdad
fuera graciosa o por seguirle la corriente… Al comparar los textos,
la chica se dio cuenta de que parecían escritos por dos personas
totalmente distintas, pues no sólo eran temas diferentes, sino que
el estilo era único en cada cuento. Se notaba que emociones y deseos
antagónicos la habían llevado a escribir justo esas palabras.
Mientras el texto de la princesa y el inglés procuraba hablar de
algo sublime, más allá de las letras que lo describían, el texto
del hombre-lombirz hacía una crítica sobre los desenfrenos de la
humanidad.
El tiempo
transcurrió, llegó la primera etapa de los concursos y para la
sorpresa de la chica y la amiga, ambos cuentos pasaron a la siguiente
ronda. La chica era feliz, pero lo fue más cuando ambos cuentos
pasaron la segunda fase. Pero la felicidad se convirtió en agridulce
cuando la última etapa finalizó y sus dos cuentos se enfrentaron.
Ella deseaba con todas sus fuerzas que la princesa y el inglés
siguieran triunfando, al tiempo que un vago temor le embargaba ante
la posibilidad de que los jueces descubrieran el engaño. No ganó el
primer lugar, ni el segundo: fue el tercero. Pero no fue con su
cuento legítimo, sino con el del hombre-lombriz. La frustración
cayó sobre ella de una forma en la que jamás imagino que pasaría.
No es que hubiera esperado ganar el primer lugar, pero creía que su
mejor cuento era el trabajado y no el que había regalado.
Todas las personas –
amigos o no – que se enteraron de lo que había sucedido se rieron
de sobremanera de la chica, pues había ganado y a la vez no. La
amiga tendría un gran cuadro con su nombre grabado en reconocimiento
por el cuento y ella en cambio tendría sólo la satisfacción de
haberse ganado a sí misma. Paso mucho tiempo antes de que la chica
se diera cuenta de que el destino le jugaba una mala pasada de la que
tendría que aprender, pues la literatura, al igual que casi todas
las cosas hermosas en la vida, se crea con trabajo, si, pero también
con amor verdadero.
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